GALERÍA JAVIER SILVA  

   

   

   

ARTISTAS /Artists

Vals en las ramas

_Fernando Guijar

Desde el 28 de marzo de 2026

 

 

UN VALS HACIA LA CIVILIZACIÓN
 
En su visita a la ciudad de Nueva York, Federico García Lorca fue testigo de una experiencia que produciría inevitables cambios en su escritura e influiría de manera evidente en su vida personal. Esta experiencia se vería reflejada en su célebre poemario Poeta en Nueva York, en el cual se incluyen dos poemas pertenecientes a la serie Huida de Nueva York (Dos valses hacia la civilización): se trata del Pequeño vals vienés y del Vals en las ramas. El primero se extendió por todo el mundo gracias a la adaptación e interpretación musical que hizo Leonard Cohen y que tituló Take this waltz; el segundo fue interpretado por, entre otros, el cantaor Enrique Morente. Es, precisamente, este Vals en las ramas en la versión de Morente el que sirve a Fernando Guijar como punto de partida, referencia e inspiración para la que es su cuarta exposición individual en la galería Javier Silva en Valladolid.
 
Un vals es un baile de salón de ritmo ternario que invita al movimiento con un balanceo ligero, liviano, con breves puntos de apoyo que permiten tomar impulso y seguir bailando en pareja. Como si pretendiese trasladar esa cadencia, esa pauta rítmica y musical al lenguaje visual, Guijar articula las obras en pequeños grupos, recurriendo a un hilo conductor común: la representación del paisaje. En Vals en las ramas el artista no se limita a proponer una contemplación del medio natural, como ya hiciera en proyectos anteriores (Deutsche Küche, 2012; El paisaje latente, 2014), donde sugería la dualidad presencia-ausencia a través de la visión de la vida dentro del paisaje (diferentes aves y mamíferos captados como integrantes reales o como fantasmagorías en un contexto vivo y vibrante), sino que también nos ofrece uno de los principales efectos de la acción humana sobre el entorno: arquitecturas efímeras soportadas en estructuras arbóreas, casas de madera que funcionan como intervenciones en el espacio natural, ejercicios de equilibrio y tensión tan reales como simbólicos.
 
La transformación del paisaje mediante esta arquitectura de la naturaleza, del exterior, es al mismo tiempo la construcción de un espacio íntimo ligado a la experiencia personal del artista. Esta dimensión más emocional se manifiesta en sus obras gracias a la introducción de ciertos límites que el propio Guijar establece a través de formas geométricas, colores, líneas y planos que acarician, velan, cubren e incluso tapan, como si de un filtro se tratase, la imagen evidente, creando un efecto de superposición espacial donde todo está conectado a la vez que distante.
 
Esta paradoja sobre la conexión y el distanciamiento es una constante en la obra de Guijar: le otorga dinamismo y tensión al tiempo que la mantiene en equilibrio. Pero además de lograr una sutil interrelación entre las partes que componen el esqueleto formal de las obras, a medio camino entre el diálogo y la interferencia, el artista no se conforma simplemente con mostrar una realidad objetiva en torno al paisaje y sus elementos constitutivos sino que nos sitúa ante un claro ejercicio estético, remitiéndonos a lo que Alain Roger, en su Breve tratado del paisaje, explica al respecto: que un paisaje nunca es reductible a su realidad física, es decir, que el paisaje nunca es natural sino siempre sobre-natural puesto que supone una metamorfosis, una metafísica, entendida en el sentido dinámico. Y es así como Guijar eleva el paisaje, transformándolo por encima de lo natural, modificando la percepción del mismo y haciéndonos partícipes de ese juego dinámico entre entorno y arquitectura.
 
Oscar Wilde, figura clave de la estética moderna, afirmaba en La decadencia de la mentira que “la vida imita al arte mucho más de lo que el arte imita a la vida”, subrayando que el arte nos enseña a mirar la realidad de forma diferente a cómo la realidad sirve de referencia al arte. Esta mirada atenta, capaz de conjugar forma y contenido y de ofrecer una obra plena de matices y sensaciones con una elegancia depurada, se manifiesta en las obras que Fernando Guijar presenta en su particular Vals en las ramas, invitándonos a reflexionar sobre la labor del artista, el trabajo pulcro, preciso, el conocimiento de los materiales y los procesos y el manejo de una técnica artística propia y original.
 
Volviendo a Lorca, y más concretamente a un verso del poema que nos ha traído hasta aquí, “y las ramas luchaban con el mundo”, el poeta evoca de forma metafórica nuestra propia confrontación con todo lo existente, con aquello que nos rodea, con la propia vida. Esta idea es extrapolable, sin lugar a dudas, a la experiencia del artista en su labor cotidiana. A pesar de las exigencias del proceso creativo, de los ajustes y decisiones que acompañan la realización de la obra, desde su inicio hasta su culminación, aquí asistimos a un Vals en las ramas: un baile, un acto performativo sutil que a través de la precisión de movimientos supera la gravedad del entorno e incluso del mundo que lo rodea. Sabemos, por experiencia propia, que es inevitable tener que luchar para adaptarnos a las circunstancias, pero Fernando Guijar nos demuestra que ese esfuerzo es llevadero y asumible, y puede resolverse mediante acciones precisas y medidas, a la vez que libres e intuitivas, y que decide compartir con todos nosotros a través de las obras expuestas en la Galería Javier Silva. Luchar con o contra el mundo queda, en última instancia, a elección de cada cual.
 
 
Víctor Solanas-Díaz

 

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Fernando Guijar

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