GALERÍA JAVIER SILVA

ARTISTAS /Artists

No Nation

_ Ricardo Suárez

21.03.2019 - 29.04.2019

 

 

Este proyecto surge de manera casi accidental, sencilla. Durante los últimos años he tendido a conceptualizar en exceso mis proyectos, incluso previamente a la realización de los mismos, lo que a veces  limita y puede ir en contra del proceso creativo. En esta ocasión parto de un uso sin ataduras, lúdico, del medio fotográfico para salir de mi realidad cercana  y construir un espacio de libertad y conocimiento en torno a lo que, a priori, me es ajeno. A través de la fotografía, y bajo la idea del viaje como hilo conductor, mi planteamiento consiste en acerarme, entender y generar un aprendizaje sobre los espacios y las personas que casualmente me encuentro y fotografío. El objetivo es vivir la  experiencia y crear un documento.  Es una manera de estar en definitiva.    

 

He fotografiado de forma puntual, casi inconsciente, prácticamente desde siempre. Además, pasado algún tiempo suelo enviar una copia de mis fotografías por correo postal a las personas que aparecen en ellas. Sucede que de la asociación de retratos, paisajes y textos de sus respuestas –en la mayoría de los casos escritos a mano– afloran cuestiones vitales sobre la manera que tenemos de estar en el mundo, de relacionarnos como individuos, con el entorno, de cómo éste nos define, cómo lo transformamos. Aparecen también preguntas relativas al uso actual del propio medio fotográfico y la tecnología. La esencia de este trabajo en marcha es recoger todo ese imaginario de personajes, espacios y textos en formato de libro.  Es un proyecto a largo plazo, la exposición en la galería solo es un punto de partida.      

 

No Nation es un término que aparece en una pintada sobre una roca que fotografié en un viaje a Pirineos. Aunque la fotografía finalmente no forma parte del proyecto, me parece significativa la idea de no pertenencia. Los espacios que fotografío no suelen interesar, las personas son anónimas,  casi siempre habitan lugares periféricos o rurales, marginales. Los textos sin las fotografías no significan nada. No Nation también alude a la sensación de habitar un territorio afectivo, no una región ni un Estado, idea que de uno u otro modo  está presente en todo mi trabajo. Construir un lugar, generar vínculos, identidad, territorio, empatía.

 

Ricardo Suárez

 

 

No Nation es un término negativo difícilmente traducible al español, ya que la tentativa “ninguna nación” pierde la potencia genérica de la expresión original. El No que antecede niega, posiblemente, el concepto de Nación como entidad necesaria para la organización del Estado moderno liberal, indisociable en sus orígenes del capitalismo. El inglés como lingua franca nos recuerda el entendimiento entre personas que no comparten una misma lengua materna, apelando a un internacionalismo que, paradójicamente, no puede escapar a una relación de poder determinante: la imposición de la lengua hegemónica y global en que nos expresamos.

 

No Nation. Ninguna nación, ningún país. O también, los “sin nación”, los apátridas, quienes carecen de nacionalidad. La potencia negativa, la potencia de no se despliega como una forma de negación radical –de raíz– del statu quo, un sentido común de época que limita y constriñe no solo otras formas-de-vida alternativas a las existentes, sino también nuestras posibilidades para imaginarlas y reconstruirlas. La potencia colectiva, comunitaria, residiría en primera instancia en nuestra capacidad para negar la realidad dada. Un carácter destructivo que alberga, sin embargo, productividades en el mismo acto de su negación.

 

¿Dónde buscar las formas-de-vida por venir? ¿Esas alteridades que niegan el Estado-nación fundamentado en el hecho del nacimiento? En lo ex-céntrico, lo que está fuera del centro o plantea otras centralidades diferentes, plurales, superadoras de la dialéctica centro-periferia. En la frontera –en las gentes de la frontera–, en los márgenes. Lo ex-céntrico, lo fronterizo, lo marginal, lo subalterno, lo menor. En todo lo que queda fuera del marco, del objetivo, de la tendencia mayoritaria y existe a su pesar y ha de ser visibilizado. En una condición periférica que emerge como espacio referencial abierto a lo nuevo, capaz de admitir otras formas-de-vida, y de producción. Periferias que surgen sobrecargadas a nivel simbólico –la condición periférica como plusvalía– pero cuyo espacio no es bucólico ni pastoral, sino árido y afectivo, ni su tiempo es nostálgico o melancólico porque es el nuestro, anacrónico e inactual, geológico. Contemporáneo.

 

La fotografía opera como un trabajo de acercamiento y mediación para la intensificación del territorio y la disolución de límites entre las viejas categorías de lo natural y lo artificial. Transferencias de  borde entre saberes y haceres, praxis cuya condición de posibilidad pertenece al descampado, al intersticio, a la fisura. Una obra en marcha abierta a la expectativa del encuentro que construye a la vez que niega a través de la mirada , curiosa y empática, de un flâneur camina por lo no urbano en toda su amplitud, allí donde todavía es posible producir y decrecer simultáneamente. Esta fotografía es episteme, una forma de conocimiento que deviene en una práctica social, situada entre géneros aparentemente antagónicos como son el documental (lo etnográfico) y la ficción. Una técnica auto-reflexiva que elabora y comenta la propia obra fotográfica y su estatuto autoral mientras representa y da voz, testimonio, a los “sin nación”. La autonomía de unas imágenes que resisten, un atlas de retratos –de espacios, humanos y no-humanos– que son paradigmas otros del progreso, un más allá del modernismo. Conversaciones, vínculos e intercambios que hilan momentos de vida que no son sino actos de afirmación identitaria y compartida: de quienes también resisten y deciden liberar el tiempo de vida para ser libres de ser, en lugar de acumular o poseer. Al fin, estar en el mundo, tomar tierra, aterrizar.

 

No Nation. Una condición periférica subalterna (y generacional, regional, nacional o supranacional) a visibilizar, para que pueda desplegarse y articularse en su máxima extensión y potencia, la del igualitarismo. Una condición que no es un modo de hacer particular o mecánicamente dependiente de un conjunto de factores contextuales, sino una idiosincrasia, la forma-de-vida a organizar de un determinado conjunto de cuerpos, de una comunidad de sentimiento que, contingentemente, se encuentra al margen. La temporalidad actual, cambiante y efímera, favorece una política del desarraigo y el desafecto destructora de las relaciones empáticas, sostenida en el espectro de la libertad. Pero, como señaló no hace tanto Comité Invisible, «no nos liberamos de lo que nos coarta sin perder al mismo tiempo aquello sobre lo que podríamos ejercer nuestras fuerzas».

 

Andrés Carretero

 

Este texto acompaña el proyecto expositivo de Ricardo Suárez No Nation, para la Galería Javier Silva. Valladolid, marzo de 2019.

 

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